CIUDAD Y REGIÓN

Valoración del patrimonio arquitectónico mudéjar y neomudéjar del Caribe colombiano*

Por Martha Lizcano Angarita
y
Karen David Daccarett

Cartagena colonial:
Santo Toribio de Mogrovejo.


*Este texto resume y actualiza la investigación presentada en las IV Jornadas Internacionales Interdisciplinarias de Mudejarismo Arabo-Iberoamericano, celebradas en la Universidad de Damasco, Siria, del 31 de octubre al 3 de noviembre de 2002. El trabajo se suma al intento por esclarecer, desglosar y concretar conocimientos relacionados con el legado andalusí y sus raíces, de forma tal que se reubique el aporte de los árabes dentro de la amalgama de pueblos que dieron origen a Iberoamérica. Actualmente, España se enfrenta a una lectura multicultural de su Época Musulmana y, en especial, de la Alhambra. Se debate, entonces, entre dos corrientes de pensamiento: una empeñada en desdibujar la influencia cultural árabe y otra que apunta a exaltar tal herencia. Los aspectos aquí tratados producirán otro espacio de reflexión sintonizado con el macroproyecto tendiente a conformar un bloque de integración cultural entre el mundo árabe y el iberoamericano, con España como articuladora del proceso. Las fotografías del artículo son todas de Edwin Chavarriaga Elnesser.

Apuntes preliminares
La España que llega con el Descubrimiento y La Conquista a desplegar su empresa urbanizadora, es portadora de un patrimonio arquitectónico mudéjar
1 cargado de técnicas constructivas, elementos estructurales, urbanismo, soluciones bioclimáticas y estéticas, todos ellos retomados del arte islámico2, que sobreviven aquende el Atlántico, se trasplantan y aclimatan, para producir el hasta ahora llamado "arte colonial"3. Se trata entonces, para nuestro caso, de salvaguardar ese legado andalusí4 en su prolongación manifiesta: el mudéjar neogranadino de los siglos XVI, XVII y XVIII, el mudéjar tardío del siglo XIX de la nueva república e, incluso, el historicista neomudéjar5 de la primera mitad del siglo XX.

1. Mudéjar: del árabe mudayyan (domesticado, domeñado, al que se le ha permitido quedarse). Ampliar en Felipe Maíllo Salgado, Vocabulario de historia árabe e islámica, Madrid, 1996, p. 160. Arte mudéjar: arte desarrollado por los musulmanes que vivían en los territorios cristianos de la España de la Baja Edad Media. El pequeño Larousse ilustrado, Bogotá, 2003, p. 700. "De atenerse a la estricta significación de la palabra ‹‹mudéjar›› -dice Torres Balbás-, recibiría [la anterior de.nición]. Pero, el así conocido desde hace poco menos de un siglo, rebasa ampliamente la signi.cación, pues abarca todas las manifestaciones artísticas realizadas en territorio cristiano en que aparecen huellas islámicas. […] Aceptamos, pues, el nombre consagrado de «mudéjar» para todas las obras realizadas del mismo carácter en otros países, como Berbería y la América española, derivadas de las mudéjares hispánicas." R. H. Shamsuddín Elía, El arte mudéjar en Europa y América, disponible en Internet: «http://www.organizacionislam.org.ar/mudejart.htm». El profesor Rafael López Guzmán explica: "la conquista de Toledo (1085) abrió un período de encuentro entre las sociedades y tradiciones artísticas cristiana y musulmana. De sus intercambios nació un nuevo lenguaje plástico –el mudéjar– de gran éxito en las ciudades." Rafael López Guzmán, "Abrazo de dos culturas", en revista GEO, n.° 191, Madrid, 2002, p. 66. En suma, podemos considerar el arte mudéjar como un arte de tradición hispanoárabe desarrollado en la Península Ibérica y en Berbería, entre los siglos XIII y XIV; en la América española se prolonga hasta finales del siglo XVIII. La definición comprende las manifestaciones artísticas y arquitectónicas de influencia islámica.
2. "(...) son innegables las características y esencias musulmanas del arte mudéjar donde los elementos predominantes, tanto arquitectónicos como artísticos, son incontestablemente islámicos." R. H. Shamsuddín Elía, Op. Cit.
3. "(…) el arte mudéjar –última expresión de la civilización hispanomusulmana –, no es otra cosa que el mal llamado ‘arte medieval español’ y su proyección americana, ‘el arte colonial español’ (denominación igualmente reñida con la verdad)." Ídem.
4. Como aproximación a una definición del legado andalusí que pretenda sintetizar la herencia cultural y científica de la presencia árabe en Al Ándalus, es necesario enmarcar ese espacio de la siguiente manera: "término geográ.co con el que en el mundo islámico se designó de manera general la Península Ibérica hasta el final de la Edad Media [y que correspondía] a la España musulmana." Felipe Maíllo Salgado, Op. Cit., p. 36.
5. Patrón estilístico inspirado en el arte mudéjar hispánico. Surgió en el siglo XIX y se desarrolló en la época contemporánea, fundamentalmente en España durante el primer tercio del siglo XX, en construcciones a base de ladrillo. Pedro Martínez Montávez y Carmen Ruíz Bravo-Villasante, Europa islámica, Madrid, 1991, pp. 64 y 234. Cfr. Ramón Gutierrez, Arquitectura y Urbanismo en Iberoamérica, Madrid, 1984, p. 413.

Por su parte, el pasado árabe de la Península Ibérica no es más que una de las extensiones de la civilización islámica, que entra en contacto con los lugareños y se asimila, desde la invasión musulmana hasta el posterior despunte multicultural en la Alhambra nazarí. Al respecto nos identificamos con Juan Goytisolo cuando, además, amplía el radio de influencia de dicha civilización, con la siguiente sentencia:

La cultura española se distingue de las restantes culturas de la actual Europa Comunitaria por su occidentalidad matizada. Si su pertenencia al conjunto no ofrece dudas, brinda no obstante una serie de componentes y rasgos, fruto de su pasado histórico, singulares y únicos. La presencia musulmana en nuestro suelo a lo largo de diez siglos –desde la invasión árabo-beréber del año 711 a la expulsión de los moriscos en 1609–, aunque tenazmente combatida y finalmente extirpada, ha dejado una profunda huella en su lengua, costumbres, modos de vida, arte, literatura6.

A lo anterior, sobreviene reconocer que el prejuicio anti-islámico y los mitos que persisten del "milagro griego" han obstaculizado, en gran manera, el libre acercamiento de Occidente hacia el mundo árabe y musulmán7.

En definitiva, es pertinente resaltar una identidad iberoamericana no ajena a la herencia árabe, palmaria en nuestra memoria urbana, por ejemplo.

6. Juan Goytisolo, El legado andalusí: una perspectiva occidental, disponible en Internet:« http://www.cnice.mecd.es/tematicas/juangoytisolo/
1997_12/1997_12_andalus.html
»
7. Sobre el tema ver a Umberto Scerrato, Grandes civilizaciones.
Islam, Verona, 1972, p. 184.

 

Cartagena neomudéjar:
Casa Covo.

Nuestro mudéjar visto por el otro
Fue sólo en la segunda mitad del siglo XIX, cuando la historiografía del arte español reconoció y aquilató su bagaje artístico árabe a partir de la mirada del otro: anglosajones, franceses y alemanes
8 redescubren la España musulmana. Hemos percibido la misma corta visión de la Metrópoli al comprobar en nuestro país, luego de una exhaustiva revisión bibliográfica, que han sido otros (argentinos, españoles y mexicanos) los primeros en investigar dicho "patrón estilístico" 9, en el sentido de valorar y probablemente comparar las formas arquitectónicas que estaban presentes en los diversos ejemplos de mudejarismo neogranadino, motivando importantes afirmaciones como la de Buschiazzo, quien señaló que "Colombia es el país americano que conserva la mayor y mejor cantidad de artesonados en madera construidos por moros sometidos, es decir, mudéjares y más probablemente convertidos, o sea, moriscos10. El profesor español Enrique Marco Dorta11 posicionó el concepto Colombia la mudéjar, como innegable adelanto de las más recientes lecturas que erigen el mudéjar "como una alternativa artística que en muchos casos es capaz de ofrecer una estética común ante la pluralidad"12. Su coterráneo Santiago Sebastián continuó profundizando el tema y más adelante, los especialistas colombianos Carlos Arbeláez13 y Jaime Salcedo Salcedo14 y el mexicano Rodolfo Vallín15 han difundido los casos de arquitectura mudéjar del interior del país. En general, podemos afirmar que tal como ocurre en otras latitudes sobre esta materia, la bibliografía [es] poco asequible dado su grado de dispersión y escasa disponibilidad16.

8. Ver en Juan Goytisolo, Op.Cit.
9. Ut supra cita 1.
10. Mario J. Buschiazzo, Estudios de arquitectura colonial hispanoamericana, Buenos Aires, 1944, p. 63.
11. Enrique Marco Dorta, "La arquitectura del renacimiento en Tunja", en revista Hojas de Cultura Popular Colombiana, n.° 81, Bogotá, 1957 y Cartagena. Puerto y Plaza Fuerte, Madrid-Cartagena, 1960, pp. 12 y ss.
12. María Elena Díez Jorge, El palacio islámico de la Alhambra: propuestas para una lectura multicultural, Granada, 1998, p. 181.
13. Carlos Arbeláez y Santiago Sebastián, "El legado de la Edad Media II: persistencia del mudejarismo", en Historia extensa de Colombia, vol. XX, tomo 4, Bogotá, 1967, pp. 149-184.
14. Jaime Salcedo Salcedo, "La presencia mudéjar en la arquitectura del Nuevo Reino de Granada", en Mudéjar iberoamericano: una expresión cultural de dos mundos, Granada, 1993, pp. 258-260.
15. Rodolfo Vallín, "Las armaduras mudéjares en Colombia", en Mudéjar iberoamericano: una expresión cultural de dos mundos, Granada, 1993, pp. 307-313 y "Lo mudéjar en la Nueva Granada y Venezuela", en El mudéjar iberoamericano. Del islam al Nuevo Mundo, Madrid, 1995, pp. 221-226.
16. Ver Hamurabi Noufouri y Fernando Martínez Nespral, Nociones de estética arábiga y mudéjar, Buenos Aires, 1999, p. 9.

El tema del mudéjar en Colombia sigue alimentando obras recientes como la del jiennense Rafael López Guzmán17. En últimas, son los ambiciosos estudios comparados sobre el mudéjar en los países iberoamericanos los que despiertan el sentimiento de admiración por nuestro patrimonio; en la región Caribe esto se ha traducido, por ejemplo, en trabajos de preservación y restauración, abanderados por los arquitectos cartageneros Augusto Martínez S., Alberto Samudio T. y Rosa Elena Martínez V., quienes, previos estudios históricos, han empleado técnicas originales de trazado árabe para cubiertas.

17. Rafael López Guzmán, "El Caribe: el Mediterráneo de América", pp. 448-453 y "El Nuevo Reino de Granada", pp. 483-489, en Arquitectura mudéjar, Madrid, 2000.


El mudéjar en la Nueva Granada
Entre los elementos que identifican a simple vista el mudéjar neogranadino se distinguen los artesonados y alfarjes; la carpintería de lazo; los mocárabes
18 en las techumbres; las tejas lomudas; el paisaje urbano colonial; la distribución y compartimentación de los espacios, en viviendas para el primer caso y en iglesias para el segundo; los patios interiores; los volúmenes puros; los muros lisos y enjalbegados; el uso ornamental del ladrillo y el tratamiento utilitario del agua.

El mudéjar es, pues, un "estilo" ágil y prolífico –portador de la genética islámica– que en su avanzada por el tiempo y el espacio evidencia su vocación de mestizarse. Sin embargo, debemos manejar con cuidado las acuñadas expresiones gótico-mudéjar o barroco-mudéjar, para que no parezca la ornamentación islámica añadida a un arte occidental19. Esta última consideración es, por cierto, una de las facetas del actual debate.

El redescubrir lo valioso de culturas diferentes20 y el comprender su imaginario estético, el momento de la realización de la obra, su lejano origen y su devenir histórico, nos debe ilustrar aún más sobre nuestro acervo cultural mudéjar.

Ahora, miremos los más ilustrativos ejemplos del Caribe21 colombiano: Cartagena de Indias y Santa Cruz de Mompox, con su pasado colonial, y Cartagena de Indias y Barranquilla, con sus brotes neomudéjares; de ahí que la investigación se inscriba entre el siglo XVI y el siglo XX.

18. Mocárabe, almocárabe o almocarbe: del árabe hispánico almuqárbas, construido como bóveda de estalactitas. Labor formada por la combinación geométrica de prismas acoplados, cuyo extremo inferior se corta en forma de super.cie cóncava, que se usa como adorno de bóvedas, cornisas, etc. DRAE, 2001.
19. Ampliar en R. H. Shamsuddín Elía, Op. Cit.
20. "Toda cultura es a .n de cuentas la suma total de las in.uencias que ha recibido." Juan Goytisolo, Op. Cit.
Recordemos que el hombre del siglo XIX descubre al "otro" hasta el punto de pluralizar los términos de cultura y civilización. Fernand Braudel, La historia y las ciencias sociales, Madrid, 1982, p. 137. Una de.nición más reciente de cultura en Néstor García Canclini, Para un diccionario herético de estudios culturales, disponible en Internet: http://www.fractal.com.mx/f18cancl.html.
21. Como región geográ.ca y cultural ver a Jesús Ferro Bayona, "La parábola del Caribe, nuestra tierra prometida", en Caribe Colombia, Bogotá, 1990, pp. 37-49.

 

Cartagena neomudéjar:
Casa Román.

Cartagena colonial
Principal puerto negrero del Caribe
22, fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad, por la UNESCO en 1986. Siguió los patrones usuales de las ciudades hispánicas portuarias y fortificadas a orillas del Caribe. Tales cualidades, sumadas a la condición de centro de acopio de mercaderías y punto de exportación e importación, produjeron la riqueza que pronto se tradujo en su arquitectura, la cual respondió –a partir del siglo XVII23– a un lenguaje mudéjar.

Las crónicas nos hablan de medio centenar de alarifes, albañiles, carpinteros, herreros y canteros, muchos de ellos árabes llegados con los conquistadores. La raigambre islámica se evidencia en el conjunto urbano que surgió y se conservó; las viviendas cartageneras especialmente de una planta –en los barrios de Getsemaní y San Diego– son testimonio de ello, sin olvidar las grandes casas de dos y tres pisos en el centro amurallado. Allí, las técnicas constructivas trasplantadas van desde los cimientos y los diferentes aparejos de los muros hasta las tapias altas de los patios, fórmula que las hace resultar muy similares a las andaluzas y magrebíes24.

Se trabajaron muros en piedra y argamasa de cal con retal de ladrillo (en su mayoría), retal de piedra y piedra coralina25. Los ladrillos más empleados fueron los de tipo macizo y tipo tablón. La persistencia mudéjar se aprecia, como hemos señalado, en los espacios urbanos: estrechas calles que proporcionan sombra y frescor, mercados, pasajes, torres-mirador, plazas y plazoletas con sus rinconadas dedicadas a la actividad comercial. La ilusión de amplios corredores tendidos se crea, en ocasiones, con la sucesión de balcones que parecen formar una unidad a lo largo de las fachadas26; los balaustres torneados y los pies derechos dan la idea de ajimeces27 abiertos.

22. Ver J. Vicens Vives, Historia social y económica de España y América, Barcelona, 1974, p. 332. Sobre el tema ver estudios más recientes en Antonino Vidal Ortega, Cartagena de Indias en la articulación del espacio regional Caribe 1580-1640, Cádiz, 1998, pp. 110  y Cartagena y la región histórica del Caribe 1580-1640, Sevilla, 2002, pp. 117-166.
23 Enrique Marco Dorta, Op. Cit., pp. .2 y ss.
24 El tema de las técnicas constructivas ha sido abordado detenidamente por Rosa Martínez Vásquez et al., Técnicas antiguas de construcción. La persistencia de los sistemas, inédito.
25 Se extrae cerca de Cartagena. Tuvo su origen en formaciones rocosas de corales submarinos. Este material se ha utilizado en Centroamérica y el Caribe desde la época colonial para la construcción de fortalezas.
26 Sobre el tema ampliar en Germán Téllez y Ernesto Moure, Arquitectura doméstica. Cartagena de Indias, Bogotá, 1995, p. 31.
27 Ajimez: del ár. hisp. šamís. Saledizo o balcón saliente hecho de madera y con celosías. DRAE, 2001.

La casa está volcada hacia el interior. Los patios centralizados son la continuidad de la arquitectura popular del sur de España, el elemento capital de la distribución, foco de la vida familiar y agente principal de luz y ventilación; éstos suelen tener un aljibe, equivalente al surtidor andaluz. De esta manera, se logra el acogedor concepto arquitectura-vegetación-agua y se propicia un microclima en las viviendas. Como en las casas islámicas y caravasares, el primer piso se destinaba para depósitos, caballerizas, almacenes y habitaciones de la servidumbre; la segunda planta, en cambio, daba espacio a la sala principal que miraba hacia el balcón, las alcobas y comedores.

Al identificar los elementos de tradición mudéjar en las construcciones civiles (inclusive en las del siglo XIX) se encuentran tejas árabes, zaguanes, alacenas, celosías, ventanas de panza, gruesos muros, altos espacios y mayores luces en los accesos y ventanas de la planta baja para acondicionar el ambiente. Las cubiertas más comunes son de azotea y de parhilera; sólo en algunas casonas favorecidas por la prestancia de sus dueños encontramos armaduras de par y nudillo,n por ejemplo la casa del Marqués de Valdehoyos, de finales del siglo XVII, y El Bodegón de la Candelaria, del siglo XVIII.

Finalmente, la forma de la ciudad resultó de la ubicación de los templos y conventos de las diversas órdenes religiosas, que compitieron entre sí por el desempeño de sus funciones de catequización y fueron los polos de crecimiento urbano.

Para las colonias hispanoamericanas, reproducir las formas y recursos plásticos de la Metrópoli, asimilarlos al medio como resultado de una influencia indirecta, entendida como conexión de muchas influencias directas: religión, cultura, política, etc., podría explicar el porqué se repitieron por generaciones los mismos elementos formales que dieron coherencia, armonía y unidad estilística al arte y la arquitectura de la Cartagena mudéjar. En efecto, "las armaduras de cubierta en par e hilera y de par y nudillo labradas sin lazo (...) se siguen utilizando (...) hasta el siglo XVIII" 28.

28. Jaime Salcedo Salcedo, Op. Cit., p. 259.

Mientras que en el interior del país sobresalen las armaduras de lazo, las bóvedas de cañón revestidas por el intradós y los lienzos de almizate –todos ellos plenos de abstracciones geométricas, .orones, dorados y policromías –, en las iglesias cartageneras se destacan las sobrias armaduras decoradas con pinjantes, ajaracas29, molduras, tapajuntas y mocárabes pintados de blanco y negro para acentuar los rehundidos y relieves.

29. Ajaraca: del ár. hisp. aššaráka, lazo, y este del árabe clásico šarakah, red. En la ornamentación árabe y mudéjar, adorno de líneas y .orones. DRAE, 2001.

En ocasiones, se solía recuperar la madera deteriorada con empalmes en rayo de Júpiter; tal vez ello obedecía a la necesidad de economizar materiales conforme a la propuesta filosófica del islam o por considerarse que ya el madero de la iglesia había adquirido cierto grado de santidad30. Dichos artesonados –de cuatro faldones, para los presbiterios, y de dos jaldetas y sección trapecial, para las naves centrales o únicas– enriquecieron los ambientes delimitados por muros lisos y enjalbegados. Son muestra de lo anterior, la Santísima Trinidad (edificada alrededor de 1640 y mejor ejemplo de carpintería de lo blanco en el Caribe colombiano), Santo Toribio de Mogrovejo (1666) y la Tercera Orden (s. XVIII).

30. Ver George Michell et al., La arquitectura del mundo islámico, Madrid, 1988, p. 138. Cartagena neomudéjar: Casa Román.

La arquitectura conventual con sus característicos patios interiores rodeados por arcadas de medio punto, aljibes y cubiertas de azotea para los pasillos y salones, o de parhilera en algunos casos, se convierten en un atractivo para las adaptaciones arquitecturales contemporáneas. Reseñamos los siguientes claustros: Santo Domingo (1555), La Popa (se construyó entre 1606 y 1620), Santa Teresa (1606), Santa Clara (1621), San Francisco (se edificó entre 1594 y 1720) y San Pedro Claver (iniciada su construcción en 1628).

Un estudio aparte merece la catedral Santa Catalina de Alejandría, iniciada en 1579; es de anotar que "dentro de la concepción espacial original, se contemplaba un techo en artesa –a la manera mudéjar– el cual fue (...) tapado por una falsa bóveda rebajada construida en pañete; se aprecia (en la actualidad) algunos de los tirantes dobles que formaban la armadura original" 31.

31. Carlos Arbeláez y Santiago Sebastián, Op. Cit., p. 215.

 

Cartagena neomudéjar:
Casa Pombo y la Serrezuela.

Cartagena neomudéjar
En los albores del siglo XX, se da el fenómeno neomudéjar32 en construcciones civiles colombianas. Lo presentaremos como una tardía manifestación de los revivals islámicos originados en la Europa allende los Pirineos. La plaza de toros Santa María de Bogotá (1931) ha sido el caso más conocido, aunque los primeros ejemplos de tardío romanticismo historicista33 surgieron en la Costa Caribe durante la segunda década de ese siglo. Fue precisamente el barrio de Manga (urbanizado extramuros, gracias a la construcción del acueducto en 1907) el que vio nacer los más tempranos exponentes del mencionado "estilo" traído de España por familias admiradoras del arte andalusí.

32. Ut supra cita 5.
33. Véase Leonardo Benévolo, Historia de la arquitectura moderna, Barcelona, 1980, pp. 28-29.

La introducción al país de materiales como el cemento (en reemplazo de la cal para argamasa y revoques), el yeso y las láminas de metal repujado, permitió el desarrollo de esta arquitectura. Nuevas técnicas como los moldes metálicos y el sistema para producir "calados" en cemento con refuerzo, también metálico, contribuyeron a la prefabricación de cornisas, columnas, capiteles y balaustres a bajo costo34.

34. Alberto Samudio Trallero, "Los primeros barrios extramuros de Cartagena", en Patrimonio y urbanismo, Bogotá, 200., pp. 141-142.

Un análisis crítico de las edi.caciones neomudéjares más representativas se impone ahora para su valoración. Casa Covo 35: edificada en 1918 por el español Alfredo Badenes. El enlucido de esta vivienda sobresale en el entorno, al igual que el pretil almenado que la corona. La fachada tiene arcos peraltados y festoneados por el intradós y armazones de losanges en las albanegas. Las columnas pareadas de capiteles nazaríes sostienen la arquería y el saledizo del acceso principal. El patio interior tiene amplios zócalos de cerámica vidriada sevillana y una fuente inspirada en la de Leones, de la Alhambra. La sala de recibo y la cocina se abren en arcos de herradura y conforman los lados cortos de dicho patio. La naturaleza entra en el predio, rodea los aljibes y exteriores e inunda de remanso el ambiente de la casa.

35. Declarada edificación de Valor Histórico Arquitectónico (1983) y Monumento Nacional (1990).

Casa Román: en el conjunto de edificaciones neomudéjares del Caribe colombiano, esta residencia sobresale por ser la más imponente en dimensiones y la más profusa en elementos arquitectónicos y diseños decorativos. Construida en su mayor parte hacia 1920 por Badenes, su propietario le adicionó las yeserías, las cerámicas y la terraza posterior en 1931. Los espacios están delimitados por arcos de herradura, túmidos, rebajados, mixtilíneos y de estalactitas. La amplia gama cromática y el gusto por la abundancia los dan los arrimaderos, fuentes y bancas de azulejería; los capiteles de mocárabes y las interminables cintas que modelan la caligrafía, los motivos vegetales y geométricos. Los arcos están realzados, bien sea por calados o bien por albanegas trabajadas en estuco y enmarcadas por ataires36 de arabescos. Como detalle puntual, distinguimos unos arcos gemelos que dan luz a la biblioteca, inspirados en los del mirador de Daraxa, de la Alhambra. El vocabulario neomudéjar lo completan las almenas, las ventanas arqueadas con parteluz y las vidrieras de celosía.

36. Ataire: del ár. hisp. addáy[i]ra, y este del ár. clás. da’irah, círculo. Moldura en las escuadras y tableros de puertas o ventanas. DRAE, 2001.

Como ejemplos de "fachadismo" neomudéjar tenemos la casa Vélez Daníes, edificada en 1920 por el español José Bielsa Zureda, y dos casas en el callejón de Los Besos (c 1935).

La casa Lemaitre Tono de 1930, construida por el arquitecto ibérico Miguel Arquer, conserva los azulejos sevillanos en el acceso principal, en el interior y en las bancas del jardín. Lamentablemente, la azulejería se encuentra en franco deterioro.

En el barrio Pie de la Popa se halla la casa Pombo (actual Universidad Libre), edificada hacia 1922. Allí, el  arquitecto alemán Nicolás Samer dio forma a un patio central que combina arcos carpanel y de herradura con yeserías de ataurique37 en las albanegas. La cerámica se destina para la sección inferior de los muros, a la usanza granadina y marroquí.

37. Ataurique: del ár. hisp. attawríq, y este del ár. clás. tawriq, echar ramas. Ornamentación árabe de tipo vegetal. DRAE, 2001.

Se levanta en 1949, el que pudiéramos considerar último exponente de la arquitectura neomudéjar cartagenera: la casa Galicia, conservada parcialmente.

De 1929, es la plaza de toros La Serrezuela. En ella se reconoce el orientalismo como estereotipo de la arquitectura destinada al esparcimiento. La silueta de la ciudad amurallada todavía se interrumpe con el dibujo de sus llamativos arcos peraltados, de intradós angrelado. Entre las maderas utilizadas se encuentran: guayacán, para columnas y soportes y cedro o ceiba, para barandas y arcos 38.

38. Sobre las maderas utilizadas en su construcción y el dramático estado de abandono de la plaza, nos hizo énfasis la arquitecta R. E. Martínez en una entrevista (Cartagena, abril de 2002).

 

 

 



Santa Cruz de Mompox:
Iglesia de Santa Barbara y Casa del Tedeum.

Santa Cruz de Mompox
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (1995). La ciudad fue creciendo a medida que aumentaba la fortuna de sus comerciantes, quienes eligieron edificar sus viviendas frente al río o a las plazas. Las fachadas de las viviendas aún mantienen soportales de clara tradición andalusí, que enriquecen el ambiente urbano, como es el caso de los portales de la Marquesa de Torrehoyos. Las aludidas cubiertas poseen como apoyos pies derechos labrados a escuadra, los cuales se rematan con zapatas. Dichos postes de gran esbeltez con sus formas redondas, torneadas, cuadradas u ochavadas, demuestran la maestría de los carpinteros momposinos; los mejores exponentes se encuentran en la Casa de la Cultura (1734), la Casa del Recuerdo, la Casa del Tedeum (principios del s. XVIII) y en la de la mencionada marquesa, entre otras.

Las llamadas casas bajas poseen ventanas que se traducen en saledizos enrejados para permitir que quien se asome hacia la calle goce de privacidad, uso retomado de la jemesías39 y ajimeces del arte islámico.

39. Jemesía: del ár. hisp. šamsíyya, [ventanal] para el sol, o *šamisíyya, a manera de celosía, y este del ár. clás. šams, sol. Enrejado de piedra, ladrillo, yeso o madera, para dar luz y ventilación. DRAE, 2001.

Todas las portadas de las casas momposinas fueron fabricadas "en ladrillo cortado o labrado con excelentes revestimientos y molduraje en pañete o revoque de cal, muy diestramente ejecutados" 40. La teja árabe o lomuda acentúa el carácter mudéjar del paisaje urbano.

40. Germán Téllez, "Casas y calles en Mompox", en Tesoros de Santa Cruz de Mompox, Bogotá, 1995, p. 126. Santa Cruz de Mompox: Casa del Tedeum.

El amplio patio central de las casas está rodeado por un tejaroz que reposa sobre arquerías de ladrillo o sobre pies derechos; ambos delimitan los salones y habitaciones principales de las viviendas. Estos aleros son una magnífica muestra de la adaptación del tipo de "casa colonial neogranadina" a los distintos climas y vastas extensiones del virreinato.

La casa ocupada hoy por la Academia de Historia es un ejemplo típico de armadura de par y nudillo; en definitiva, "una expresión pura del sistema mudéjar de estructura: madera de escuadría y labrados, almarbate ornamentado, tirantes, etc.41".

41. Alberto Corradine Angulo, Mompox, Bogotá, 1988, p. 34.

Mompox fue escala obligada de las órdenes religiosas que se dirigían hacia el interior del Nuevo Reino de Granada. Dominicos, franciscanos, agustinos, hospitalarios y jesuitas levantaron sus templos y conventos; éstos junto a la arquitectura doméstica, modelaron –entre los siglos XVII y XIX– el paisaje mudéjar de la ciudad.

La techumbre de la nave de las iglesias momposinas es de par y nudillo, y se rematan sus lados menores con los muros de obra. El almizate no da la impresión de "retícula", pues faltan los peinazos que atraviesan los nudillos. La iglesia de Santa Bárbara (1730) presenta una solución más rústica: los pares no se ensamblan directamente con los nudillos. En la ecléctica torre de su campanario, podríamos leer los siguientes elementos de arquitectura islámica: planta octagonal, balconcillo de madera como el de algunos alminares persas y jemesías  de hierro forjado. En el interior del templo, se destaca un arco triunfal trilobulado de madera y uno conopial, a cada lado.

Dentro de las expresiones mudéjares en la arquitectura agregamos el convento de San Carlos (1543), la iglesia de San Juan de Dios (1545), la iglesia de San Agustín (1606), la iglesia de San Francisco (1664), las casas de las señoritas Castañeda (comienzos del s. XVIII) y la iglesia de Santo Domingo (reconstruida en 1856). El prototipo de patio claustral aparece rodeado por arcadas de piedra o ladrillo, y genera un lenguaje de solidez y monumentalidad, como en el colegio Pinillos (1794).

 

Barranquilla neomudéjar:
Salón Granada, Hotel Majestic,
Barranquilla.

Barranquilla neomudéjar
Incipiente aldea a principios del siglo XIX, y a medio camino entre las ciudades coloniales de Santa Marta y Cartagena, su crecimiento se inició a finales de la mencionada centuria y cobró especial importancia en la primera mitad del siglo XX, cuando se convierte en pionera de la modernidad colombiana
42.

42. Ampliar en Jorge E. Caballero, Barranquilla y la modernidad. Un ejercicio histórico, Bogotá, 2000, .ÆÌ8 pp.

En 1892, el arquitecto David Gisberg construyó el ecléctico edi.cio del Teatro Municipal (hoy desaparecido), conectando así la ciudad con los ideales de la cultura decimonónica43. El pórtico realzado con tres grandes arcos de herradura daba paso a un recinto con capacidad para 1200 personas. Fue el temprano ejemplo de una arquitectura que el público identificaba como árabe.

43. "Los teatros realizados en América en este período se contaron por cientos; cada pequeña ciudad aspiraba tener uno como prueba de su rango de urbanización y cultura. Era en de.nitiva un elemento de prestigio imprescindible y en algunos casos su realización precedió a las propias obras de gobierno". Ramón Gutiérrez, Op. Cit., p. 430.

Durante las primeras décadas del siglo XX, se levantaron algunas residencias neomudéjares cuya edificación fue encomendada por familias criollas, quienes motivadas quizá por sus viajes a España o por informaciones de postales y catálogos acerca de movimientos historicistas y eclécticos del siglo XIX, en Europa.

Una de las primeras manifestaciones de la admiración por el neomudéjar fue la popularidad que alcanzaron los coloridos arabescos para revestimientos de pisos y zócalos, introducidos por la fábrica de baldosas Pompeya (de propietarios españoles en sus comienzos). Por lo general, los diseños se inspiraban en los de complejos alicatados 44 sevillanos.

44. Alicatado: del participio de alicatar (derivado del ár. hisp. alqát[a]‘, y este del ár. clás. qat‘, corte). Obra de azulejos. DRAE, 2001.

En el tradicional barrio de El Prado (declarado Centro Histórico por el Consejo Nacional de Monumentos, 1994), se conserva el salón Granada del actual Hotel Majestic, construido alrededor de 1920. La descripción se ajusta al concepto de un patio interior circunscrito por arcos, esta vez de herradura, sostenidos por columnas pareadas de capiteles nazaríes y franjas de talla serpenteada. En la decoración epigráfica de las yeserías, se evidencia el desconocimiento de la caligrafía árabe por parte de la mano de obra local, pues es ilegible en algunos tramos debido a las interrupciones arbitrarias de los moldes, sobre todo en los remates. Lo que sí se logra distinguir es el nombre de Alá y la fórmula reiterativa No hay más Dios que Alá.

De Alfredo Badenes son otras dos casas del mencionado barrio, que datan de 1935, en las que se aumenta el vocabulario neomudéjar utilizado por este arquitecto en Cartagena, al diseñar fachadas que muestran copias atemperadas del patio de Leones y del sistema de techos y torrecillas de la Alhambra. Las casas irrumpen con nostalgia en el paisaje urbano de una Barranquilla abierta a influjos arquitecturales y migraciones, estas últimas de mayoría árabe. La llegada de palestinos, sirios y libaneses se dio en distintas oleadas, desde el último cuarto del siglo XIX, que se encargaron de salpicar con algunos elementos neomudéjares la arquitectura republicana de la primera mitad del siglo XX.


Notas finales
Durante esta aproximación al tema, hemos insistido en la labor de buscar las raíces históricas, estéticas y antropológicas de nuestro patrimonio mudéjar y neomudéjar, así como la ampliación del vocabulario de especialidad para nombrar estos bienes culturales, los cuales además se hallan conectados a manifestaciones similares en Iberoamérica, España y el Magreb. "La tarea por delante no es otra que la de continuar nuestro esfuerzo estudioso en torno al concepto integrador de lo ‘mudéjar’ o hispano-árabe como parte integral y no alógena ni exótica de nuestro pasado histórico"45. Lo anterior, aunque dicho por una autoridad académica de la Universidad de Harvard para un caso peninsular, es perfectamente aplicable al contexto neogranadino. La tradición mudéjar dio la particular forma al conjunto urbano de nuestras ciudades coloniales y mantuvo vivo el legado en ultramar.

45. Francisco Márquez Villanueva, "Meditación de las otras alhambras", en Pensar la Alhambra, Granada, 200., p. 273. Barranquilla neomudéjar: Salón Granada. Hotel Majestic, Barranquilla. Barranquilla neomudéjar: Casa neomudéjar del barrio El Prado. Barranquilla.

En cuanto a las motivaciones románticas que tardíamente llegaron a nuestro país, inscribimos una gramática neomudéjar para su justa valoración, a partir de arabismos menos comunes, referenciados en el aparato crítico del texto. Tratamos, entonces, de extender algunas bases culturales para remitirnos a otras geografías, a otro tiempo y a otros conjuntos estéticos –no del todo occidentales– que actuaron como fuente inspiradora para la creatividad local.